domingo, 25 de abril de 2010

Ganadores y perdedores

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La historia del volcán islandés ha sido una maravillosa fuente de anécdotas durante los últimos 10 días. Gente atrapada en los aeropuertos sin poder volver a casa, viajes en todos los medios alternativos imaginables, etc. Y todo porque a alguien le dio por decir que las cenizas pueden fastidiar los motores de los aviones y que una vez se pararon en vuelo los motres de un avión que “pa haberse matao”. Aunque tal y como lo cuentan suena a leyenda urbana de esas que un amigo me dijo que había tenido un primo que le contó que ….

¿Se acuerdan de la gripe A? ¿La pandemia que iba a matar millones de personas y que los locos eran los que ignorábamos tamaña amenaza? Pues esto del volcán me ha recordado el asunto. Verán. Después de la gripe A los ganadores han sido las farmacéuticas que lograron vender decenas de millones de vacunas que jamás se usaron, los fabricantes de jabón bactericida que ahora hay en todos los baños públicos del mundo, los fabricantes de mascarillas que debían ponerse todos los que viajaban a América, etc. Por cierto, que lo mismo daría que les hubiesen obligado a ponerse unos calzoncillos rojos porque el efecto era el mismo sobre el contagio. ¿Y los perdedores? Como siempre, la libertad y la tranquilidad. Cuando se esparce el miedo todos perdemos y algunos pocos ganan.

¿Quiénes ganan con el volcán? Los trenes, los autobuses, barcos, empresas de alquiler, y caraduras de todo pelaje. ¿Quiénes pierden? Las compañías aéreas y la confianza en un medio de transporte que va camino de convertirse en residual y elitista por el miedo y las incomodidades que está generando. Una vez más ahora somo un poco menos libres y un poco más temerosos que hace un mes.

Si tienen alguna anécdota de cómo tuvieron que volver a su casa con esta historia del volcán les ruego que la compartan en sus comentarios. Muchas gracias.

sábado, 17 de abril de 2010

¡Abolid el circo!

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De camino a mi casa he visto los anuncios de un circo que ha llegado a la ciudad. Un macarra patibulario colgaba carteles que anunciaban que durante una semana estaría instalado en un recinto ferial que el Ayuntamiento destina a tales fines.

Y no he podido por menos que pensar en que no sé porqué hay esta tirria y ganas de prohibir los toros y no surgen cientos de asociaciones en contra del circo. Les expongo mis razones.

El circo es ya algo del pasado. No aporta nada nuevo y todo lo que se ve allí ya lo han visto todos los niños en la tele multiplicado por cien.

El circo maltrata animales. Osos, monos, camellos, elefantes, leones…. Deficientemente cuidados, y humillados en lamentables números de tortura animal que no cesa. Al menos al toro lo matan en 15 minutos y se acabó el tormento. Lo de los animales en el circo me lleva al siguiente punto.

El circo es deprimente. Los animales y las personas que en él participan desprenden un aroma a marginalidad, pobreza y tristeza de la que es difícil abstraerse. Lo de la gran familia del circo es algo para poner en conocimiento de los servicios sociales. Esos niños que viven en las caravanas están condenados a seguir en la servidumbre del nomadismo titiritero.

Llevé a mi hijo al circo una vez porque creo que tiene que ver con sus ojos las cosas y no a través de mis prejuicios, pero su diagnóstico con seis años no difería mucho del mío. Después de ver unos malabaristas, un coche con tres osos amaestrados con un domador que los trataba a patadas y salir unos payasos, mi hijo me pidió que nos fuéramos. Ya había visto suficiente. De camino a casa me preguntó que porqué esa gente tenía que estar allí (con esas palabras) y yo no supe muy bien qué responder. Cuando un niño de seis años ve el circo como un castigo en el que participa gente es que hay que plantearse su existencia.

Por otra parte piensen en lo siguiente. ¿Por qué la figura del payaso que se supone que tiene que hacer reir se considera hoy en día un icono de las historias de terror?

El circo tradicional es un generador de mal rollo. Ya ya tenemos muchos generadores de malos rollos. Eliminemos éste, por favor.

sábado, 10 de abril de 2010

Una petición difícil

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Les confieso que llevo dos semanas dándole vueltas en mi cabeza sobre cómo escribir este post. No sé cómo hacer para que no parezca ñoño ni plañidero ni de carácter religioso y para intentar transmitir un pensamiento que además es una creencia.

La cosa surgió el Jueves Santo. Estaba tranquilamente en casa cuando llamaron a la puerta y al abrir me encontré con un hombre de lo más normal con una caja de cartón llena de plantas. Me dijo “Me he quedado sin trabajo y tengo dos chavales. ¿Me compra una planta? Son 5 euros cualquiera de ella”. La verdad es que vinieron varios pensamientos a mi cabeza en primera instancia: Las plantas eran precioosas, el precio era bueno y ¡joder! Yo también tengo dos chavales y una suerte que este hombre no tiene. ¡Quiera Dios que no me vea en la misma situación!. Le compré un precioso tronco del Brasil y se me jodió la Semana Santa.

Desde bien pequeño le he tenido pánico a la pobreza. Tal vez por eso siempre le he prestado una especial atención a la caridad, los dichos sobre el despilfarro, los refranes que tocan el tema e incluso a los pasajes de la Biblia en donde se trata el asunto.

Me cuesta mucho pasar por el lado de un mendigo y no darle algo. Mis hijos lo han heredado y se preocupan mucho cuando ven a alguien en la puerta del supermercado que vende La Farola o piden. Preguntan porqué están así y les tratamos de explicar que en algunos casos por mala suerte, o porque vienen de un país más pobre y están buscando trabajo o sencillamente reconocemos que no sabemos porqué pero que deben estar agradecidos por lo que tienen y se les da y tienen que esforzarse para que de mayores no tengan ese problema.

Creo que soy caritativo por miedo. Tengo miedo de que si el infortunio me alcanza el mundo no sea caritativo conmigo. Y siempre acabo pensando que que esa frase que escuché en el metro de “Es triste pedir, pero más triste es robar” es mentira. Yo robaría o haría lo que hiciera falta antes que pedir.

Y ahora viene lo más difícil de escribir porque tengo pedirles algo y ya saben lo triste que es. Tengan caridad con los demás. Si se gastan diez euros en cualquier superficialidad ¿cómo no le van a dar unos céntimos a un necesitado? Ahora que la pobreza ha llegado a las puertas de nuestras casas intentemos ayudar. No digo que vendamos nuestro bienes y los repartamos entre los pobres, ni que le den a cualquiera que les pida sino que cuando vean una situación de necesidad se conmuevan un poco y ayuden con un grano (ya saben, de esos que no hacen granero pero ayudan al compañero).

No tengo mucha fe en que que exista el Cielo, pero en caso afirmativo tal vez estemos consiguiendo puntos para el acceso cuando ayudamos a los demás.